El narcosenderismo de “Alipio” y de los hermanos Quispe se ha sentido tocado por los operativos militares realizados bajo la acción decidida y valerosa del Comando Especial de las Fuerzas Armadas destacado al VRAE. Ello ha obligado a las huestes subversivas –dedicadas ahora a la protección de las rutas del narcotráfico y al sicariato– a desplazarse de Ayacucho a zonas aledañas, en especial a las ubicadas en la región de Huancavelica.
De seguro los Ministerios del Interior, Defensa y Economía y Finanzas han adoptado las medidas pertinentes para brindar el auxilio necesario, económico, logístico y militar a la región Huancavelica que preside Federico Salas Guevara, quien con toda justificación hizo hace días un llamado urgente al país a fin de que no se deje a su circunscripción y a su población a merced de las columnas narcoterroristas que escapan de Vizcatán.
En ese sentido, la presencia del Estado en una de las regiones atávicamente pobres –donde en los últimos días casi una veintena de soldados y dos civiles han perdido la vida a causa de enfrentamientos con terroristas– no sólo debe ser promovida por el Gobierno Central sino por todos los peruanos de buena voluntad. Que la subversión sienta que Huancavelica no está sola, que los huancavelicanos conozcan que la opinión pública, las universidades, los gremios, los partidos políticos, las instituciones públicas y privadas etc., demandan permanentemente que el Estado trabaje e invierta lo necesario para consolidar bases firmes del desarrollo e inclusión social en esa hermana región.
De allí que dirigimos nuestra invocación a los peruanos para que, de una forma u otra, colaboren con las autoridades regionales y los compatriotas de Huancavelica. De manera particular, pensamos que en provincias como Tayacaja, Churcampa y Acobamba las fuerzas del orden no deben ceder un milímetro al terrorismo. Por fortuna, hace tiempo que las FF AA saben que la derrota de la subversión no estriba sólo en los operativos militares, sino sobre todo en la imposición de políticas sociales y económicas, en particular para las poblaciones de menos recursos. Así los residuos de la subversión no tendrán posibilidad de conseguir “bases de apoyo” o reductos de los cuales conseguir avituallamiento. Lamentablemente malas políticas –implementadas por gobiernos populistas– han acentuado el atraso de Huancavelica. Sin embargo es tiempo que la inversión –pública y privada– aumente en aquella región; pero ello sucederá sólo en la medida en que difundamos más noticias sobre las bondades de la geografía, de la gente y de las riquezas naturales huancavelicanas.
Huelga referir que se requiere dar más impulso al turismo para que los visitantes aprecien la belleza natural de las tierras de la otrora opulenta Villa Rica de Oropesa, lo que permitiría distribuir más recursos económicos a través de la compra-venta de bienes producidos por las comunidades y las pymes, dinamizando así la economía lugareña. No olvidemos que Huancavelica colinda con Lima y que existen varias rutas para llegar a ella. Entonces hay que promocionar más los caminos terrestres, el ferrocarril o la vía aérea. El mejor apoyo que podemos darle a Huancavelica es tenerla presente y colaborar con ella para que pueda repotenciar su economía y de esa manera superar la inequidad.
De seguro los Ministerios del Interior, Defensa y Economía y Finanzas han adoptado las medidas pertinentes para brindar el auxilio necesario, económico, logístico y militar a la región Huancavelica que preside Federico Salas Guevara, quien con toda justificación hizo hace días un llamado urgente al país a fin de que no se deje a su circunscripción y a su población a merced de las columnas narcoterroristas que escapan de Vizcatán.
En ese sentido, la presencia del Estado en una de las regiones atávicamente pobres –donde en los últimos días casi una veintena de soldados y dos civiles han perdido la vida a causa de enfrentamientos con terroristas– no sólo debe ser promovida por el Gobierno Central sino por todos los peruanos de buena voluntad. Que la subversión sienta que Huancavelica no está sola, que los huancavelicanos conozcan que la opinión pública, las universidades, los gremios, los partidos políticos, las instituciones públicas y privadas etc., demandan permanentemente que el Estado trabaje e invierta lo necesario para consolidar bases firmes del desarrollo e inclusión social en esa hermana región.
De allí que dirigimos nuestra invocación a los peruanos para que, de una forma u otra, colaboren con las autoridades regionales y los compatriotas de Huancavelica. De manera particular, pensamos que en provincias como Tayacaja, Churcampa y Acobamba las fuerzas del orden no deben ceder un milímetro al terrorismo. Por fortuna, hace tiempo que las FF AA saben que la derrota de la subversión no estriba sólo en los operativos militares, sino sobre todo en la imposición de políticas sociales y económicas, en particular para las poblaciones de menos recursos. Así los residuos de la subversión no tendrán posibilidad de conseguir “bases de apoyo” o reductos de los cuales conseguir avituallamiento. Lamentablemente malas políticas –implementadas por gobiernos populistas– han acentuado el atraso de Huancavelica. Sin embargo es tiempo que la inversión –pública y privada– aumente en aquella región; pero ello sucederá sólo en la medida en que difundamos más noticias sobre las bondades de la geografía, de la gente y de las riquezas naturales huancavelicanas.
Huelga referir que se requiere dar más impulso al turismo para que los visitantes aprecien la belleza natural de las tierras de la otrora opulenta Villa Rica de Oropesa, lo que permitiría distribuir más recursos económicos a través de la compra-venta de bienes producidos por las comunidades y las pymes, dinamizando así la economía lugareña. No olvidemos que Huancavelica colinda con Lima y que existen varias rutas para llegar a ella. Entonces hay que promocionar más los caminos terrestres, el ferrocarril o la vía aérea. El mejor apoyo que podemos darle a Huancavelica es tenerla presente y colaborar con ella para que pueda repotenciar su economía y de esa manera superar la inequidad.


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