Por Fernando Vivas
El mal criollo tiene una debilidad. Es muy sentimental. Se prodiga a la familia cuando está en alza, se parapeta detrás de ella cuando lo pillan y está en bajada. Tremendo problema para la lucha anticorrupción porque cuando se destapa una red podrida se vuelve a tapar con melodrama: pobrecita, no sabía nada; no pues, es su hijo, no le vas a pedir que eche al padre; entiéndela, está golpeada, adoraba al hermano; ella tiene la culpa, por sangrona lo obligó a corromperse.
Pamplinas sensibleras que hacen llorar a los ingenuos para que sus lágrimas ahoguen la furia y la indignación, malogren el motor de la protesta y nos sentemos embobados a ver en la tele a los políticos exculpar a los hijos de los zamarros, a los sacerdotes bendecirlos y el Poder Judicial les dicta comparecencia y les da todo el tiempo necesario para blanquear sus secretos bancarios.
Los perseguidos por corrupción, cuando adornan su perversión con inteligencia, conocen muy bien esta retaguardia sensiblera del país, y operan desde allí. Por ejemplo, Keiko Fujimori podría ser presidenta si triunfa sobre la folletinesca psiquis popular este spot del publicista Carlos Raffo: El 'Chino' venció al terrorismo. Para lograrlo tuvo que ser autoritario y arriesgarse a caer en las redes de Montesinos y ser perseguido más tarde por la democracia de cívicos e idiotas. Pero su amor paterno mantuvo a Keiko fuera de todo compromiso y ha realizado un último sacrificio por ella y por su pueblo: aceptar la humillación de un juicio con tal de que la nena llegue al poder y lo reivindique.
Los León tienen un padecer similar, por eso Luisa Cuculiza (una vez dijo que el terrorismo asesinó a su marido y luego se reveló que fue un crimen particular) se apuró en exculpar a Luciana León apenas reventó el 'Petrogate'. Y tienen una estrategia similar: Rómulo senior, desde la clandestinidad, jura a sus hijos que no es un delincuente y Rómulo junior, en la Comisión de Fiscalización (asesorado en comunicaciones por Mario Saldaña), pretende hacer titulares hablando del 'Tío George' (Del Castillo) y de Ingrid Yrivarren, a quien dice querer como a una madre. Y Hernán Garrido Lecca, entrevistado en Terra Magazine, desvía la atención de las investigaciones sobre sus supuestos lobbies, contando que Luciana lo visitó con su padre y este le habló de Fortunato Canaán.
Ojalá que la influyente prédica conservadora profamilia, que es ajena a la corrupción pero suele despistarse ante ella, incorpore mensajes para que los parientes no se apañen en el mal.
El mal criollo tiene una debilidad. Es muy sentimental. Se prodiga a la familia cuando está en alza, se parapeta detrás de ella cuando lo pillan y está en bajada. Tremendo problema para la lucha anticorrupción porque cuando se destapa una red podrida se vuelve a tapar con melodrama: pobrecita, no sabía nada; no pues, es su hijo, no le vas a pedir que eche al padre; entiéndela, está golpeada, adoraba al hermano; ella tiene la culpa, por sangrona lo obligó a corromperse.
Pamplinas sensibleras que hacen llorar a los ingenuos para que sus lágrimas ahoguen la furia y la indignación, malogren el motor de la protesta y nos sentemos embobados a ver en la tele a los políticos exculpar a los hijos de los zamarros, a los sacerdotes bendecirlos y el Poder Judicial les dicta comparecencia y les da todo el tiempo necesario para blanquear sus secretos bancarios.
Los perseguidos por corrupción, cuando adornan su perversión con inteligencia, conocen muy bien esta retaguardia sensiblera del país, y operan desde allí. Por ejemplo, Keiko Fujimori podría ser presidenta si triunfa sobre la folletinesca psiquis popular este spot del publicista Carlos Raffo: El 'Chino' venció al terrorismo. Para lograrlo tuvo que ser autoritario y arriesgarse a caer en las redes de Montesinos y ser perseguido más tarde por la democracia de cívicos e idiotas. Pero su amor paterno mantuvo a Keiko fuera de todo compromiso y ha realizado un último sacrificio por ella y por su pueblo: aceptar la humillación de un juicio con tal de que la nena llegue al poder y lo reivindique.
Los León tienen un padecer similar, por eso Luisa Cuculiza (una vez dijo que el terrorismo asesinó a su marido y luego se reveló que fue un crimen particular) se apuró en exculpar a Luciana León apenas reventó el 'Petrogate'. Y tienen una estrategia similar: Rómulo senior, desde la clandestinidad, jura a sus hijos que no es un delincuente y Rómulo junior, en la Comisión de Fiscalización (asesorado en comunicaciones por Mario Saldaña), pretende hacer titulares hablando del 'Tío George' (Del Castillo) y de Ingrid Yrivarren, a quien dice querer como a una madre. Y Hernán Garrido Lecca, entrevistado en Terra Magazine, desvía la atención de las investigaciones sobre sus supuestos lobbies, contando que Luciana lo visitó con su padre y este le habló de Fortunato Canaán.
Ojalá que la influyente prédica conservadora profamilia, que es ajena a la corrupción pero suele despistarse ante ella, incorpore mensajes para que los parientes no se apañen en el mal.


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