Después de días previos de notoria agitación oficial, recién el lunes 20 de octubre se concretó la entrega formal del cargo de presidente del Consejo de Ministros –por parte del doctor Jorge del Castillo– al sucesor Yehude Simon Munaro.
A propósito de este hecho, y sobre todo con relación a cambios de esta envergadura que ocurren en la conducción del Estado, muchas veces no somos tan proclives a saludar la misión cumplida, haciendo que la gratitud como virtud sea al final de cuenta más esquiva y recelosa. Pero queremos ir a contracorriente y –en tal sentido– manifestar nuestro pleno reconocimiento al ex premier Del Castillo por el agitado e intenso desempeño que tuvo en tan importante responsabilidad de gobierno.
Con la franqueza y serenidad que nos caracteriza, sirva esta ocasión para reconocer que el congresista y dirigente político, Jorge del Castillo, no sólo estuvo 27 meses al frente de la PCM sino que durante todo ese tiempo contribuyó –junto a otros profesionales como, por ejemplo, el ex ministro de Economía Luis Carranza Ugarte– a transmitir una imagen de garantía en pro de la racionalidad política y a favor de la sensatez en el manejo macroeconómico del país. De esta manera se evitó cualquier exabrupto populista o acaso alguna sorpresa demagógica como la que protagonizó el Apra en su primer mandato (1985–1990).
En consecuencia, no podemos dejar de anotar que, entre julio del 2006 y octubre de 2008, muchos fueron los logros que alcanzó nuestra patria, lo que no implica de modo alguno que minimicemos las controversias y los conflictos sociales que en este camino ocurrieron no solo en Lima sino principalmente en el interior del país. Sin embargo lo positivo ha sido más importante e insoslayable. Fundamentalmente en el campo económico, donde el doctor Del Castillo jugó particular papel en función a su serenidad, enorme capacidad de trabajo y buena voluntad para el diálogo, características que permitieron apuntalar el sostenido crecimiento de la producción nacional.
Una mirada retrospectiva siempre resulta aleccionadora para ver el camino avanzado gracias al esfuerzo de todos los peruanos. Por cierto, muchos problemas no se van a resolver de inmediato, pese a los índices de crecimiento e inversión que experimentó nuestra economía en los últimos dos años. Pero creemos que tanto los líderes del sector público como el privado deben hacer una reflexión sobre la experiencia acumulada en este tiempo, sobre todo para luchar contra la inflación, para frenar la corrupción, para hacer más eficientes las políticas sociales, para administrar mejor nuestras alianzas estratégicas con nuevos socios comerciales del mundo globalizado, etc.
Este año, por ejemplo, denominado “de las Cumbres Mundiales”, debería acabar con la mejor disposición nacional para emprender nuevos retos. Y en este marco de balance creemos que el propio ex presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo, ha realizado una docencia vigorosa que lo llevará ahora a desplegar sus mejores energías en la labor congresal. Ha dicho él que se concentrará en aportar a la regionalización del país y le deseamos éxitos en ese esfuerzo ya que la tarea por el Perú no termina hoy.
A propósito de este hecho, y sobre todo con relación a cambios de esta envergadura que ocurren en la conducción del Estado, muchas veces no somos tan proclives a saludar la misión cumplida, haciendo que la gratitud como virtud sea al final de cuenta más esquiva y recelosa. Pero queremos ir a contracorriente y –en tal sentido– manifestar nuestro pleno reconocimiento al ex premier Del Castillo por el agitado e intenso desempeño que tuvo en tan importante responsabilidad de gobierno.
Con la franqueza y serenidad que nos caracteriza, sirva esta ocasión para reconocer que el congresista y dirigente político, Jorge del Castillo, no sólo estuvo 27 meses al frente de la PCM sino que durante todo ese tiempo contribuyó –junto a otros profesionales como, por ejemplo, el ex ministro de Economía Luis Carranza Ugarte– a transmitir una imagen de garantía en pro de la racionalidad política y a favor de la sensatez en el manejo macroeconómico del país. De esta manera se evitó cualquier exabrupto populista o acaso alguna sorpresa demagógica como la que protagonizó el Apra en su primer mandato (1985–1990).
En consecuencia, no podemos dejar de anotar que, entre julio del 2006 y octubre de 2008, muchos fueron los logros que alcanzó nuestra patria, lo que no implica de modo alguno que minimicemos las controversias y los conflictos sociales que en este camino ocurrieron no solo en Lima sino principalmente en el interior del país. Sin embargo lo positivo ha sido más importante e insoslayable. Fundamentalmente en el campo económico, donde el doctor Del Castillo jugó particular papel en función a su serenidad, enorme capacidad de trabajo y buena voluntad para el diálogo, características que permitieron apuntalar el sostenido crecimiento de la producción nacional.
Una mirada retrospectiva siempre resulta aleccionadora para ver el camino avanzado gracias al esfuerzo de todos los peruanos. Por cierto, muchos problemas no se van a resolver de inmediato, pese a los índices de crecimiento e inversión que experimentó nuestra economía en los últimos dos años. Pero creemos que tanto los líderes del sector público como el privado deben hacer una reflexión sobre la experiencia acumulada en este tiempo, sobre todo para luchar contra la inflación, para frenar la corrupción, para hacer más eficientes las políticas sociales, para administrar mejor nuestras alianzas estratégicas con nuevos socios comerciales del mundo globalizado, etc.
Este año, por ejemplo, denominado “de las Cumbres Mundiales”, debería acabar con la mejor disposición nacional para emprender nuevos retos. Y en este marco de balance creemos que el propio ex presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo, ha realizado una docencia vigorosa que lo llevará ahora a desplegar sus mejores energías en la labor congresal. Ha dicho él que se concentrará en aportar a la regionalización del país y le deseamos éxitos en ese esfuerzo ya que la tarea por el Perú no termina hoy.


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